#44

¿A ti no te pasa que a veces quieres escribir y no puedes, que a veces sientes una fuerza irrefrenable que te esclaviza, una motivación hiriente que te arrastra, en vano, hacia la escritura? ¿En cuántas ocasiones te has visto obligado a aceptar el hecho de que no tienes ninguna idea que realmente merezca la pena expandir? Esa batalla interna que te carcome cuando escribes, borras, dudas, tachas, escribes otra vez, lo dejas y vuelves a la carga de nuevo, ¿la recuerdas? ¿Recuerdas cómo es esa lucha interior? ¿Cuántas veces te has preguntado por qué escribes? ¿Cuántas veces te ha parecido brillante tu propio relato (en la mañana) y cuántas tedioso (en la noche) sin haber cambiado ni una sola palabra y ni una sola coma? ¿Cuántas veces pulsaste la pestañita Publicar a sabiendas de que el texto no era todo lo bueno que te gustaría que fuese? Mundos lejanos; paisajes románticos; situaciones rocambolescas; dramas; valores; temores; distopías; mensajes en botellas de cristal; ¿cuántas veces los has imaginado y esbozado en tus accesos de locura escritora?

¿Cuántas veces?

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#38

Mi entorno más inmediato dispara tanta información que a veces, cuando consigo elevarme sobre ella, cuando acepto, amargamente, su vacuidad, creo transformarme en algo parecido a un autista, creo ser un extranjero en una tierra cuyo idioma no conozco.

Mi escapatoria: escribir.

#37

Es curioso: hace unas semanas escribí un cuento que (mientras lo escribía) me encantó. Escribía y el cielo se iluminaba; escribía y de antemano sabía hacia dónde caminaba el relato. Lo sabía porque, con anterioridad al ejercicio de la escritura, en esta ocasión y no así normalmente, porque, muchas veces, escribo con la brújula pero sin el mapa, el mapa en este caso me llevaba mansamente de la mano. Pensé que aquél era un cuento buenísimo, al menos yo me lo estaba pasando fenomenal. Pensé que valdría la pena traerlo hasta el blog. Para redondear la experiencia, en esos momentos de escritura embelesada, en mis auriculares sonaba Beethoven con algunas de sus sonatas. Era, además. una narración larga, y el cuento tenía una moraleja tan grande… tan grande como una hostia de Mayweather. El cuento lo tenía todo.

Pero —siempre hay un pero—, a medida que fui pasándolo al WordPress, la historia se desinfló: perdió toda la gracia que poseía, sonaba hueca. Era una historieta metálica e inofensiva.

Es la primera vez que me pasa…