#44

¿A ti no te pasa que a veces quieres escribir y no puedes, que a veces sientes una fuerza irrefrenable que te esclaviza, una motivación hiriente que te arrastra, en vano, hacia la escritura? ¿En cuántas ocasiones te has visto obligado a aceptar el hecho de que no tienes ninguna idea que realmente merezca la pena expandir? Esa batalla interna que te carcome cuando escribes, borras, dudas, tachas, escribes otra vez, lo dejas y vuelves a la carga de nuevo, ¿la recuerdas? ¿Recuerdas cómo es esa lucha interior? ¿Cuántas veces te has preguntado por qué escribes? ¿Cuántas veces te ha parecido brillante tu propio relato (en la mañana) y cuántas tedioso (en la noche) sin haber cambiado ni una sola palabra y ni una sola coma? ¿Cuántas veces pulsaste la pestañita Publicar a sabiendas de que el texto no era todo lo bueno que te gustaría que fuese? Mundos lejanos; paisajes románticos; situaciones rocambolescas; dramas; valores; temores; distopías; mensajes en botellas de cristal; ¿cuántas veces los has imaginado y esbozado en tus accesos de locura escritora?

¿Cuántas veces?

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#43

Imágenes que se han mezclado entre sí y cuyos bordes, otrora nítidos, son, hoy, difusos. En esas imágenes queda algo primitivo, destilan una inmemorial sensación, que las hace ser las imágenes de toda la vida, pero mucho me temo que ese poderoso núcleo en un futuro se extinguirá, y entonces las imágenes del pueblo dejarán, paradójicamente, de ser las imágenes del pueblo.

Una contradicción más en el acantilado de las contradicciones; una incongruencia más en la estepa de las incongruencias.

#42

El lector no es completamente lector hasta que lee una cierta de cantidad de libros. Este número puede ser muy alto: no sé, cien o quizá doscientos libros; y puede también ser muy bajo: ese punto de inflexión quizá sobreviene a la cuarta, a la tercera, o, incluso, a la segunda lectura. Esa revelación, ese momento liberador y catártico, que coincide con el instante de tu vida cuando eres consciente de la existencia de cientos de libros que están aguardando, precisamente, tu llegada, miles de libros que, como un gato, necesitarías siete vidas para poder leerlos todos, ese momento, repito, emerge cuando has afilado el instinto para la búsqueda de tu siguiente lectura.