Antípoda #Microrrelato

Esta noche he tenido un sueño que a priori no tiene por qué ser especial: estoy sentado en un bar a escasos metros de la orilla del mar. No es un chiringuito; es un bar de los antiguos; uno de aquellos bares míticos de los años 80. La ventana que da al mar está medio abierta, los marcos de sus cristales son de madera color marrón suave. El borde del cristal está sucio; ha sido manoseado un número infinito de veces; observo a su través un cielo gris azulado. ¿Es Septiembre? Tiene pinta del mes de Septiembre. En la playa el aire corre sereno, pero yo no lo noto porque estoy dentro del bar.

Dos mujeres intentan ligar conmigo. Estoy sentado a la mesa con una de ellas; no recuerdo cuál; no bromeo. Una es muy inteligente, tiene el pelo canoso. La otra es morena y tiene un pecho muy llamativo. En la mirada de la primera se percibe la complejidad. En los ojos de la segunda veo desamparo y sencillez… De forma inesperada, la marea ha aumentado considerablemente hasta alcanzar la fachada del bar. Suelto un grito: «¡Vamos!». Hay que huir. La mujer inteligente al final me he decidido por ella en lugar de por la morena triste se viene corriendo conmigo, pero siento pena al mirar aquellos ojos oscuros, aquellos pechos hermosos.

Ahora el sueño se hace difuso y no lo recuerdo con exactitud. Huimos… Escalamos una montaña… Buscamos mi coche… ¿La inundación se lo ha llevado? En ese momento aparece en escena la hermana de la mujer que me acompaña. Ambas son muy parecidas, pero la hermana es más joven, también tiene el pelo corto, pero de color castaño y sin canas. Es una chica muy seria. A ella no le gusto, pero ella a mí sí. La mujer inteligente se pone celosa y dice algo sobre la ciudad de Valladolid. Yo le contesto que me gusta Castilla y León.

Este sueño sería normal si no fuese porque hace un rato he visto en la televisión las imágenes del temporal que azota la costa Mediterránea. En ellas el cámara ha enfocado la señal del barro sobre la pared de una de las casas en primera línea de playa. Los periodistas han repetido varias veces el descenso de temperaturas en Valladolid. Creo que la imagen del agua llegándome hasta las rodillas en el bar es la imagen complementaria y opuesta a la que he visto en la televisión. En el sueño veo la contundencia de la marea; en el reportaje veo el rastro de la misma. Hace unos minutos, antes de empezar a escribir estas líneas en la libreta, he pensado que si el Universo es completamente determinista —cosa que desconozco—, entonces la única estructura biológica que puede ver los sucesos desde su perspectiva más básica y bipolar es nuestro cerebro. Un sencillo sueño premonitorio ha dado lugar a estas líneas.

Veo la marea de frente. Veo su rastro de espaldas al mar.

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