Al lector o lectora

Vino hacia mí y me espetó: «¿Es que ya no me quieres? ¿Por qué no me hablas? ¿Por qué no me escribes una de esas historias que tanto me hacían volar en el pasado?»

 

«¿Prefieres que te mienta?» le pregunté yo. «¿Acaso te gustaría escucharme recitar una poesía que no me hace vibrar? Yo no sé hasta qué punto aceptarías verme sonreír de una manera forzada; seguro estoy de que, en ese caso, te enojarías sobremanera conmigo. ¿Qué quieres: una línea escrita con el corazón agonizando en la palma de mi mano, o cien de ellas engendradas a través del hastío?»

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