A veces escribes casi sin pensar. Microrrelato

Hace aproximadamente tres meses… entro en el blog, en este blog, y leo un post donde se invita a los internautas (con ánimo y espíritu de escritores) a escribir un relato inspirado por una determinada imagen que encabeza esa entrada. Y sin pensarlo dos veces, sin reflexionar sobre ninguna cuestión narrativa, a través de un destello, como en un sueño solapado con la realidad, pongo las yemas de los dedos en el portátil y sale esto:

Quería pintar. Quería pintarme a mí misma. Y pronto comprendí que no podía en un lienzo plasmar una verdad objetiva, nítida e inmutable, sino más bien una pequeña patraña; una doble (o triple) ficción. Segura estaba de que no todos podrían entender este concepto. De pie delante del caballete, abrazada por la luminosidad de mi pequeño taller, me preguntaba quién, de los imaginarios visitantes de mi ficticio museo, podría llegar a las profundidades de la escena que yo dibujaba. «¿Por qué a pesar de la ínfima distancia entre las torres eléctricas de alta tensión y las bombillas, no lograban estas últimas encenderse? ¿Por qué? Una —al menos una de todas esas bombillas— debía brillar más que todas las demás». Quería pintar. Quería pintarme a mí misma.

A veces escribes (casi) sin pensar.

La imagen que da luz al texto está aquí.

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