Hala Madrid

Escribo estas líneas después de que el Real Madrid se haya proclamado Campeón de Europa por decimoprimera vez. Así es muy fácil escribir me diréis (no sin razón), pero desde este pequeño rincón quiero rememorar otro momento: el de La Séptima, porque eran otros tiempos, en los que el fútbol español no dominaba el panorama europeo como lo hace hoy en día.

Vi fracasar a la Quinta del Buitre una y otra vez en esta competición; mi memoria retiene de forma selectiva una chilena de Hugo Sánchez que el portero del PSV Eindhoven le detuvo al mexicano. Qué bien jugaba aquel Madrid. Pero no ganaba la Copa de Europa desde hacía mucho tiempo. Y el eterno rival en el lanzamiento de una falta (injustamente señalada) se llevó a sus vitrinas el trofeo por aquella época. Este tenía entonces “una en color” que valía más que las seis que teníamos nosotros que eran “en blanco y negro”. Cuando Cristiano marcaba el 5-3 en la tanda de penaltis yo explotaba de alegría como cualquier madridista, pero el tiempo pasa… he visto varios Madrid diferentes y no es menos cierto que recordar aquel equipo dominador y atacante, cuyo delantero centro es el hoy director de relaciones institucionales del club, me produce nostalgia y alegría, aunque no consiguieron el entorchado futbolístico del continente.

Esta noche el antimadridismo le reclama justicia al fútbol, señala que el equipo blanco ha ganado sin merecerlo, porque se ha tirado atrás tras conseguir su primer y único gol, por no seguir con el mismo ímpetu hacia delante. Estoy seguro de que todos esos antimadridistas hace dos años hubiesen dado por válida y por justa la victoria de los que hoy han perdido si Sergio Ramos no hubiese marcado en Lisboa en aquel final agónico del minuto 93, como también lo estoy de que otros dieron por buenas y justas las derrotas de Butragueño y compañía alrededor de la década de los 90. Paradójicamente el único adversario que no ha despreciado al rival (como tampoco lo hizo hace dos años cuando dijo: “Nos han metido atrás y se merecen el título”) es el entrenador contrario.

Estoy con él: el fútbol es maravilloso y en absoluto cruel; gana el mejor, pero yo me sentí muy orgulloso de ver cómo perdia aquel Madrid que generaba una ocasión de gol tras otra con una facilidad maravillosa. Por esta razón La Séptima fue tan emotiva, porque al final el balón entró, porque en la celebración de Mitjatovic el madridista de aquel entonces veía culminada una estela que se extendía en el tiempo.

La séptima Copa de Europa fue la entrada a este periodo de tiempo en que muchos jóvenes madridistas hemos tenido la suerte de contemplar cómo nuestro equipo ha ganado cinco ‘orejonas’. En la del 98 hubo más que alegría; hubo reconquista de un trono que otros madridistas que ya no están entre nosotros nos decían que nos pertenecía y que año tras año se nos escapaba de entre los dedos.

¿A quién no le gusta mantener el trono?

Pero la épica de recuperarlo…

Hala Madrid

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