(No) soy machista

Siempre he creído que no soy machista, con las siguientes líneas, sin embargo, voy a revisar mis creencias por si —de forma involuntaria e inconsciente— estuviese yo equivocado y finalmente sí lo fuera.

 

Desde hace muchos años me considero un defensor del papel de la mujer en la sociedad, de la mujer propiamente dicho, de la igualdad entre géneros, entre iguales. Soy feminista porque creo firmemente que la sociedad española es machista y que por tanto el feminismo es más que necesario. Hay ejemplos que demuestran la existencia de un machismo vomitivo e iracundo en España, aunque —y esto no debe restar importancia al problema— en otros lugares del planeta la situación que viven las mujeres es mucho peor. En este país hay una caterva de misóginos que se burla y se mofa de ellas. Una serie de indecentes que agrede sin cortapisas a las mujeres. La desigualdad en la que se hallan es palpable incluso desde la infancia, porque en una reunión de adultos en la que un niño pequeño se toca el pene, todos reaccionarán de un modo jocoso, pero si en esa misma reunión quien se toca es una niña, la reacción colectiva será distinta. Esta sociedad machista incapacita a la mujer, la acorrala en determinados roles, en determinados trabajos: en «cosas de mujeres». Muchos imbéciles creen que ellas no pueden ser camioneras, discjokeys o albañiles. ¿Se puede ser más estúpido e ignorante? La violencia de género es una lacra, el más triste y paradigmático arquetipo de desigualdad entre nosotros y ellas. Algunos se aprovechan de su posición de ‘poder’, las maltratan y las matan. ¿Se puede ser más indeseable e hijo de perra? La brecha salarial entre féminas y varones es otro ejemplo más de discriminación intolerable. Como tienes tetas, te vamos a pagar menos. Algunos tíos las consideran histéricas y locas del coño —observa detenidamente, lector o lectora, qué despropósito y qué desvergüenza tienen esos malnacidos—, porque simplemente defienden sus propios intereses. ¿Se puede ser más majadero?

A mí me gustaría vivir en un sociedad donde hombres y mujeres pudiésemos hacer lo mismo, pero esto parece ser una utopía, porque ellas no se pueden rascar el coño del mismo modo que yo me rasco los cojones por encima del pantalón y compruebo cómo a mi alrededor arquean las cejas o se sonríen. En el sexo, no se ve de igual forma que yo haga un trío con dos mujeres que que una mujer haga un trío con dos hombres. Si yo estuviese en su situación, me rebelaría de igual modo o peor.Tampoco pueden ellas eructar del mismo modo que yo lo hago y recibir la misma acogida que mis aclamados eructos provocan entre mis colegas. Yo cuando me visto por las mañanas, me  pongo la ropa que me sale de las pelotas y no me planteo ni por un ligero instante la reacción que puedo provocar en los demás cuando vean mi indumentaria. Nadie me va a decir nada si llevo camiseta de tirantes y se me ve un pezón. A ellas no les pasa lo mismo.

A mí el conjunto de los españoles me provoca un asco enorme —por una serie de motivos que en este texto no son pertinentes—, en lo que ahora nos atañe, lo hace porque somos un país machista, depravado, maleducado y discriminatorio con el trato a la mujer. Ellas deberían poder hacer exactamente lo mismo que hago yo: lo que me da la real y pajolera gana. Y no criticarlas por ello, como no se me critica a mí por ser ‘tío’. Pero no pueden. No pueden hacerlo sin que se las menosprecie. Ojalá algún día lo consigan. Ojalá algún día seamos iguales.

Pero —todo tiene un pero—, la defensa y la reivindicación que se hace para que hombres y mujeres seamos iguales muestra ejemplos que me dejan perplejo. Hay feministas (hombres y mujeres) que me consideran machista porque discrepo con ellos y con ellas cuando dicen que todos los hombres somos potenciales asesinos. Estoy firmemente convencido de que el feminismo como movimiento seria mucho más sólido y eficaz si no hubiesen estos planteamientos absurdos. Me sabe muy mal discrepar con ellas y con ellos, porque a la postre se diluyen nuestras reivindicaciones, pero no puedo aceptar gilipolleces de ese calibre. Por tener polla yo no soy un potencial asesino. Es un argumento muy pobre y ridículo, sin validez, injusto y desproporcionado. Para todos aquellos y aquellas que lo esgriman: comeos una mierda.

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