El espejo

Llegará un día en que no podrás seguir ocultándote de ti mismo durante más tiempo aunque te emborraches, aunque grites, aunque maldigas, aunque intentes olvidar, aunque emprendas cualquier nueva aventura o viaje. Todo lo que hagas ese día será inútil. A partir de ese momento te verás abocado a tu propio espejo una y otra vez. La huida será estéril. ¿Dónde puedes ir que tú mismo no puedas verte? A ninguna parte. Huir no te servirá de nada, será la lucha o será la muerte, sin ambages y sin matices. Ese día no podrás apoyarte en nadie, tus amigos no podrán hacer nada por ti, ni tu pareja, ni tu familia. En ese espejo verás una persona, pero sabrás con certeza que sois dos. Tendrás que luchar si no quieres morir, aunque tu enemigo es infalible porque lo sabe todo sobre ti: eres tú. Y si decides enfrentarte a él y logras abatirlo, te mueres. Cuando te mires al espejo ese día, vivirás una cínica disyuntiva, perfecta y redonda; cíclica y sin escapatoria. De esa encrucijada no saldrás ileso. Él alberga tus emociones y tus recuerdos, tus deseos y tus miedos. Tiene tus trofeos celosamente guardados en sus vitrinas y tiene tus lágrimas en un antiguo joyero plateado. Mírale directamente a los ojos, no tengas miedo, no bajes la mirada; absorbe su energía. Nadie mejor que él de quien nutrirse; nadie.

No dejes que te liquide, pero ten cuidado porque si lo matas, todo habrá terminado.

Ten cuidado porque tu vida tiene lugar en ese espejo.

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