Carta abierta al estudiante de selectividad

Este texto responde a la pregunta: «Qué carrera debo elegir, ¿la que me gusta o la que tiene más salida en el mercado laboral?».

Estimado estudiante, que tratas de dilucidar tan crucial y angustioso asunto, voy a mostrarte en las siguientes líneas una guía básica que te ayudará a tomar la decisión correcta.

Durante las últimas semanas de tu vida habrás sido probablemente el receptor de innumerables consejos, unidos a una serie de argumentaciones brillantes y cegadoras, aunque seguramente inexactas y aproximadas, cuyo objetivo no es otro que decirte qué carrera tienes que estudiar, cuál tiene que ser tu profesión; a qué te debes dedicar en la vida. Si tenemos en cuenta que algunas profesiones exigen una determinada indumentaria, no exagero si digo que esa gente que tan gratuitamente te dice en qué debes trabajar te dice, por ende, cómo tendrás también que vestir. Te dicen, además, en tu mismísima jeta, sin inmutarse lo más mínimo, sin sonrojarse ni por asomo, cuánto dinero debes ganar, porque, aunque la crisis ha homogeneizado los salarios de oficios muy diversos, sigue habiendo trabajos en los que se gana más que en otros. Y, si todo lo dicho hasta ahora fuese poco, para cerrar esa sarta de despropósitos, esa retahíla de consejos a priori bien intencionados, ese rosario de bendiciones y vaticinios que tus más allegados te sueltan antes de partir hacia el árido y farragoso tránsito universitario, si lo dicho hasta ahora fuese poco, repito, la mayoría de las personas que te aconsejan ejercer una determinada profesión no la ejercen ellos mismos. Esto te sitúa en la obligación de preguntarles por qué te aconsejan algo que ellos no hacen. Si es tan acertada la opción que ellos proponen, si es tan magnífica la vida que te espera por delante si sigues sus consejos, si estudiar esa carrera es fruto de una reflexión sabiamente sopesada, si es tan pertinente dadas las circunstancias su propuesta y no otra, pregúntales por qué no la están cursando ellos en la universidad. No, mejor, ya te contesto yo a esta última pregunta: porque no se atreven, porque cuando ellos estuvieron en la misma situación que tú estás ahora se dejaron aconsejar por otros que utilizaban similares recomendaciones, pero, desafortunadamente, y prueba de ello es su contradicción pusilánime, no tuvieron el valor suficiente para desoír el cúmulo de convencionalismos, gilipolleces y disparates que, para quien escribe esta breve diatriba, supone hacer lo que los demás te dicen que hagas, por el mero hecho de que te lo digan.

La cuestión más difícil es saber cuál de todas las actividades que el abanico de la vida te muestra es la que realmente te motiva, la que te hace trascender; esa actividad que estarías dispuesto a desarrollar sin ninguna remuneración económica si fuese necesario. Ésa (y no otra) es la pregunta clave que te debes formular, en la cual, sin embargo, querido estudiante preuniversitario, yo no te puedo ayudar en absoluto.

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