Estar enamorado

Me asombro cuando pienso en las épocas en las que he estado enamorado. No consigo entender cómo pude transitar un camino tan convulso como es el del amor. Cómo llegué a sentirme tan vulnerable; cómo pude dejarme arrastrar por emociones que no tenían ninguna base racional. El problema no es estar enamorado, sino que ahora (que no lo estoy) desde el frío de mi habitación, desde mi zona de confort, desde mi indiferencia y desde mi egoísmo es tal la distancia que media entre esos dos puntos que se me antoja pensar que ambos deben ser mentira. Aunque lo cierto es que me siento extraño porque ahora no quiero lo que quería, y en aquel entonces, por estar con ellas, hubiese despreciado todos los privilegios que la libertad hoy me otorga. No puedo darme la mano a mí mismo, no puedo resolver esta polarización. Creo que me contradigo, porque si estuviese de nuevo en aquella circunstancia, haría exactamente lo que hice y porque si sigo en la actual tesitura, no veo motivos para cambiar. Curiosamente, he sido y soy feliz en ambos polos. Seguramente, es la transición entre ambos lo que mayor desasosiego me provoca; la metamorfosis entre estar enamorado y no estar enamorado.

Debo admitir que he sufrido en esa «mudanza».

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