Dos años

Me fascina el paso del tiempo al echar la vista atrás. ¡Cuántos libros leí en aquella época, mondieu! Tengo escritas en un archivo todas mis impresiones sobre aquellas grandes novelas; qué triste tono y qué bella aura desprenden esas líneas; cuando las releo, no parezco yo el autor de las mismas. La apertura de este blog fue una consecuencia de un estado de ánimo cuya definición no me resulta fácil discernir. Pero lo cierto es que aquellos libros me acunaron, le proporcionaron a mi alma un cálido refugio, un cobijo que me aislaba de todos. Los primeros textos de este blog fueron la consecuencia natural de la deslumbrante luz de la literatura.

El vagabundo cumple dos años.

Un extraño y recóndito lugar. Microrrelato

Se trata de un sitio oscuro, eterno e insondable. No sé exactamente dónde estoy. Sin embargo la sensación que me invade es muy intensa. Nunca antes me he sentido de esta manera. Nunca. Creo que he dejado sencillamente de existir, pero, al mismo tiempo, es la primera vez que me siento tan vivo. Ésa es una reflexión contradictoria; lo sé, pero es una llegada completa, una convicción absoluta: llámame loco si quieres. No necesito tampoco el concurso de los sentidos, sólo una parte profunda de mi cerebro. Y es muy probable que este singular estado, este recóndito lugar, no sea sino la muerte; la eternidad; el pensamiento en su forma más auténtica y pura. Pensar, pensar, pensar, pensar: existir en una forma primigenia de existencia. ¿Qué soy? Nada y todo. Soy las dos caras de la misma moneda, de la moneda opuesta, de todas las monedas, y de ninguna de ellas. Soy Alfa y Omega.

«… No existen ni el espacio ni el tiempo… No siento ninguna carencia aunque nada tengo, porque soy todo, porque soy nada.»

 

 

LA MÚSICA QUE INSPIRA EL TEXTO. Una melodía que dota a la oscuridad con un doble sentido.

LA IDEA QUE DA LUGAR AL TEXTO: Desbarajustar la estrechez del hilo argumental; cerrando los ojos, flotando en el torrente de mis pensamientos y transfiriendo la actividad neuronal a las teclas del portátil. Simplemente la interfase neuronas-portátil.

LA HABILIDAD PARA DESARROLLAR EL TEXTO. Aprendí mecanografía con trece años; debió quedarse esta destreza firmemente adherida en mi mente porque de otro modo no me explico cómo con el paso del tiempo y un entrenamiento interrumpido he logrado retenerla.

la – meta – Cómo – alcanzar

Me gusta mucho leer; me paso las horas muertas leyendo en mi habitación, en las estaciones de autobuses, en los parques de las grandes ciudades y en todo tipo de cafeterías. Cuanto más me sumerjo en la lectura, mayor es la sorpresa que me llevo al alzar la vista del papel y al comprobar que el mundo de palabras, líneas y párrafos no era sino una imagen evocada por mi mente. Sin embargo, una levógira interpretación de todo lo relacionado con la literatura aparece por arte de birlibirloque en algunas ocasiones, y una imperiosa necesidad de escribir me invade en esos momentos. (Quizá éste sea uno de ellos: no lo sé.) Y me pongo a ello. Escribo. Me dejo llevar a través de la precisión y la ambigüedad de la génesis de las frases. Pero no me gustan mis escritos; la mayoría de ellos terminan en la papelera. Al leerlos, no sin angustia e insatisfacción, me doy cuenta de que no son lo que quiero decir. En esos momentos me pregunto a mí mismo qué es lo que quiero, dónde está la meta. Y me contesto que la meta está delante de mis propias narices, pero no puedo llegar hasta ella.

Quizá nadie puede llegar a la meta